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"Había mucha pesquería, é cada dia viamos una cosa ó pesquería la más fermosa de ver que jamás se vió; y es que hay unos peces, mayores que sardinas los cuales se llaman voladores, por respecto que vuelan como aves en aire, bien un tiro de pasamuro; que tienen alas como casi de murciélago, aunque son de pescado; y éstos vuelan y andas á manadas. y así hay otros pescados tan grandes como toninas que se llaman albacoras, las cuales saltan fuera del agua bien longura de media nao y éstas siguen a los voladores, así dejado del agua, como en el aire, que muchas veces viamos que yendo volando los tristes de los voladores, saltando en el aire las albacoras los apañaban. E así mesmo hay una aves que se llaman rabihorcadas, las cuales se mantienen de los peces voladores que caçan en el aire; que muchas veces los voladores, aquejados de las albacoras y de otros pescados que les siguen, por guareçerse vuelan donde topan luego con las rabihorcadas, e apañan de ellas; de manera que, ó de los unos ó de los otros siempre corren voladores á dar dentro en la nao; y como tocaban en seco, no se podían levantar, y así los apañabamos."
«mucho me ayudó este día el buen nadar, yo iba muy quemado de manera
que estuve bien, veinte días sin salir de una casa de los indios de Gilolo».
"Mira, señor: cuando los enemigos no tienen palabra, juramento ni vergüenza que los apremie a guardar lo que prometen, más segura es con ellos la guerra que la paz, por muchas prendas que ofrezcan. Mi rey, debajo de tu fe, hizo pregonar la paz, que le ha muerto sus vasallos; y con más justa causa se debería quejar de tí que de los portugueses; y tú fuiste el primer ofendido en el rompimiento de la tregua; y lo que el Rey y Urdaneta han hecho ha sido restituir la honra al Emperador ya ti, y no romper tregua, sino restaurar la ofensa, que, con tan poca vergüenza en las barbas del Rey, mi señor, y á su puerta se atrevieron de hacer, sobre seguro, á tu nación y á nosotros; lo cual no pudieran hacer sino con la confianza de la tregua. Por tanto, señor, el Rey os suplica que, aprobando y teniendo por bien lo que se ha hecho, hagáis mercedes á Urdaneta y á los demás castellanos que en Gilolo están, y te avisa que te guardes de gente que tan mal cumple su palabra; y, por muchas treguas que asientes, no se piensa confiar más, si el Rey de Ternate no le envía vivos los Capitanes que le mataron sus vasallos, rompiendo la tregua; y aún tú, señor, será bien que, de tu parte, pidas enmiendas, y las personas de los portugueses que en ellos se hallaron, pues Urdaneta los habló y sabe sus nombres" .
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, Aug 21 2007, 7:18 AM EDT
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